Empecemos por lo básico, y vamos a decirlo bien sencillo:
LAS CRISIS DE PÁNICO NO SON PELIGROSAS
Por supuesto que son desagradables, incluso muy desagradables, y la gente que las padece se angustia mucho y la pasa realmente muy mal.
Tal vez alguna vez sufriste una y no la reconociste como tal. Quizás tenés a una persona cercana que las sufre. En cualquier caso es importante reconocerlas y entender qué son y qué se puede hacer con ellas.
Las crisis o ataques de pánico son momentos de miedo intenso, súbito, durante los cuales creemos que nuestra salud y la vida misma están en riesgo debido a algún problema físico. De ahí deriva el miedo tan marcado a las sensaciones corporales, pues interpretás que son una señal de algo peligroso, de que te podés morir o quedar con alguna secuela seria.
En verdad, es un círculo vicioso. El miedo o la ansiedad siempre provocan cambios corporales, el cuerpo se activa para defenderse. Pero esos cambios corporales se interpretan como una amenaza, como una fuente de peligro y por ende, generan más miedo. Más miedo, más sensaciones, más ideas tremendistas e interpretaciones catastróficas y de ahí, más miedo otra vez y una nueva ola de sensaciones; así sucesivamente en un círculo vicioso sin fin.
Lo más importante que hay que tener presente ya lo dijimos al inicio: las crisis de pánico no son peligrosas, aunque sí pueden ser muy desagradables, aterradoras incluso para algunos.
La ansiedad no va a crecer indefinidamente hasta colapsar.
La crisis no dura para siempre.
Nuestro cerebro tiene un mecanismo de homeostasis para reestablecer el equilibrio, es autorregulado. En otras palabras, las crisis se van solas, si no hacés nada, absolutamente nada, se pasan solas.
No dejan secuelas físicas (de ningún tipo) a largo plazo.
Sí, en el corto plazo puede ser que sientas un poco de cansancio, angustia, tristeza y, sobre todo, miedo a experimentar otra crisis (sobre el miedo a experimentar nuevas crisis te hablamos en este otro artículo). Pero es normal que te sientas un poco “sacudido” tras una crisis.
Si solés experimentar crisis de pánico, lo mejor es que pidas ayuda. Es difícil que dejes de sufrirlas espontáneamente.
Lo primero que vas a necesitar es comprender qué las produce y qué las mantiene.
Esto quiere decir que aprendas a interpretarlas como lo que son: productos normales del funcionamiento de tu cuerpo y no como señales de un peligro.
La idea es que aprendas a sentir a tu cuerpo sin angustiarte. Incluso algunas sensaciones, como el mareo o el dolor de cabeza, hay que aprender a vivirlas como algo desagradable, pero no peligroso. No todo lo que no nos gusta es peligroso.
La relajación, por ejemplo, puede ayudarte a serenarte para que tu cuerpo no estalle con sensaciones ante el menor nivel de alarma.
La mayoría de las personas que tienen crisis de pánico, llegan ahí por algún motivo relacionado con el estrés u otro cuadro de ansiedad. Eso hay que encontrarlo y tratarlo para que no vuelva a suceder.
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